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Seis meses en Kenia: vivir y aprender junto a las mamás Maisha

Hola! Soy Jacinta, tengo 25 años y soy de Santiago, Chile. Soy trabajadora social con mención en intervenciones socio jurídicas y mi interés siempre ha sido trabajar con mujeres y niñ@s. Durante la carrera, gracias a las experiencias prácticas que tuve, con las diferentes personas con las que pude trabajar, y las diversas temáticas en las que me desarrollé, se reafirmó que mi vocación está en acompañar, apoyar y luchar por la justicia social desde una mirada humana, cercana y feminista. 



La idea de hacer voluntariado me rondaba desde el colegio. En ese entonces venía desde un lugar más inocente, pero con los años y con mi formación como trabajadora social esa motivación se fue transformando. Entendí que el voluntariado no se trata solo de “ir a ayudar”, sino de trabajar junto a otras personas por su bienestar, su empoderamiento y su autonomía.


El Trabajo Social busca generar transformación, desarrollo y cohesión social, y ese sentido más profundo fue el que me impulsó a finalmente dar el paso. Así fue como conocí a Maisha. Literalmente por casualidad: la hermana de un amigo se venía como voluntaria y vi su historia en Instagram. Me dio curiosidad, investigué, y me encontré con una organización que conectaba perfecto con todo lo que yo soñaba. Una fundación chileno-keniana, con base en Nairobi, que trabaja en Kibera —el slum más grande de África—, acompañando a mujeres jóvenes embarazadas desde un enfoque claro de educación, derechos y empoderamiento. Lo leí y pensé: esto es lo mío. Los principios de Maisha resonaban directamente con los del Trabajo Social: justicia social, derechos humanos, autonomía y responsabilidad colectiva. Así que decidí esperar a egresar de la universidad y apenas terminé, me vine. Y sí: fue la mejor decisión que pude haber tomado.


En terreno, fui voluntaria en el programa de Acogida entre marzo y septiembre de 2025. Este programa ofrece un hogar temporal a mujeres jóvenes que no cuentan con recursos ni redes de apoyo, y les da acompañamiento durante el embarazo y postparto. En lo formal, mi rol era velar por su bienestar biopsicosocial y el de sus bebés. Pero en el día a día era mucho más que eso: escucharlas, estar pendientes de ellas, compartir, conversar, reírnos, acompañarlas en lo emocional, hacer talleres y clases, ser alguien cercana y en quien confiar. Fue un trabajo profundo, pero también muy humano y cercano. 



Con el tiempo fui generando vínculos muy especiales con las mamás de la “Home”. Aprendí de ellas resiliencia, sencillez y alegría. También me enseñaron muchísimo sobre la cultura keniana, sobre sus comunidades y sobre sus propias historias. Encontré en ellas amigas y mujeres admirables. Y me sentí parte de una familia, porque eso es lo que es la "Home": más que un "shelter" (casa de acogida), es un hogar real. Cuando las mamás egresan de nuestros programas, siempre les decimos: “once a Maisha mother, always a Maisha mother”.


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No todo fue fácil. Escuché historias crudas y dolorosas: mujeres abandonadas por sus familias, por sus parejas, enfrentando maternidades solas, víctimas de abusos y a veces rechazadas por sus comunidades debido al estigma al rededor del embarazo fuera del matrimonio. Pero lo impresionante es la fuerza y resiliencia con la que siguen adelante. A pesar de todo, nunca faltaron las sonrisas, las ganas de aprender y la esperanza. Me marcaron profundamente y me demostraron que son verdaderas heroínas. En Kibera hay un mural que dice “Sisi ni mashujaa” (“somos héroes”, en swahili). Inspirado en el Leso o Khanga, un tipo de tela muy común que usan las mujeres para vestirse o cargar con sus hijos a la espalda, fue pintado como un homenaje al coraje que implica simplemente vivir en esa comunidad. Para mí ese mensaje representa también a las mujeres que conocí en la casa: mis girls, que realmente son heroínas.


Hoy, mirando hacia atrás, puedo decir que esta ha sido una de las experiencias más gratificantes, llenadoras e increíbles de mi vida. Vine como voluntaria, pero para mí también fue mi primera experiencia laboral: puse en práctica mi especialidad y exploré distintas áreas del Trabajo Social. Crecí como profesional, pero sobre todo como persona y tuve la oportunidad de compartir la vida con mujeres que me inspiran profundamente. Me voy con el corazón lleno y con más ganas que nunca de trabajar por un mundo más justo y más humano.

 
 
 

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