DOS AMIGAS EN NAIROBI
- Maisha

- 4 sept
- 3 Min. de lectura
¡Hola, soy Raquel! ¡Y yo Miriam! En 2019 nos conocimos el primer día de la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, y desde entonces nuestros caminos siempre han estado unidos.
La curiosidad por entender el mundo y las ganas de trabajar algún día en proyectos con impacto social nos unieron durante los 4 años de estudios. Entre debates en clase y trabajos en grupo, fuimos descubriendo que compartíamos no solo una amistad, sino también una vocación: dedicar nuestra vida profesional a la cooperación.

Después de la universidad, decidimos seguir formándonos y, sin planearlo, acabamos cursando juntas el Máster en Cooperación Internacional al Desarrollo en la Universidad Pontificia de Comillas. Ese año nos ayudó a aterrizar muchos conceptos que antes sonaban abstractos: desarrollo sostenible, ayuda humanitaria, enfoque de género, derechos humanos… Pero también nos hizo sentir a ambas que necesitábamos salir del aula y ver cómo todo eso se traducía en la práctica. Fue en una de nuestras clases del Máster cuando conocimos Maisha. En el Módulo de Economía para el Desarrollo se nos planteó la oportunidad de realizar un trabajo por grupos con aplicabilidad real para organizaciones reales, y Maisha se encontraba entre ellas. Nuestro grupo no tuvo la suerte de dedicarse al proyecto que Rocío, la directora, presentó, pero nosotras quedamos más que interesadas con el trabajo. Esto nos llevó a explorar por nuestra cuenta la posibilidad de colaborar con la Fundación y aunar nuestra intención de trabajar en terreno y de hacerlo además con una organización cuyo trabajo había resonado tanto en nosotras.
Así nació la idea de venir a la Fundación Maisha, en Nairobi. La elegimos porque es una organización local con un enfoque muy claro en educación, derechos y empoderamiento de mujeres jóvenes embarazadas en situación de vulnerabilidad. Un trabajo que nos inspiró y que vimos como un lugar donde realmente podríamos aprender de cerca y aportar los conocimientos que habíamos adquirido.
Trabajar codo con codo con el equipo y ver la cooperación desde lo cotidiano, no desde la teoría. Sin darnos cuenta nos habíamos puesto de acuerdo, cada una había tomado su decisión de venir y una vez más nuestros caminos coincidían. Nuestras ganas no significaban que la decisión fuese fácil. Siempre es complicado dejar tu familia y zona de confort atrás, pero venir con una amiga ayudó a dar el paso: compartir miedos, expectativas y retos. Al final, apoyarnos la una en la otra hizo más fácil lanzarse a la experiencia.
Desde que llegamos, Maisha nos abrió las puertas como si fuéramos parte de la familia. El día a día aquí está lleno de contrastes: talleres con madres jóvenes, actividades educativas, momentos de escucha y acompañamiento.
Dentro de la Fundación estamos participando en varios programas. Una en Sustentabilidad, la otra en Acogida, y ambas en Áreas Transversales de Cooperación y en Derechos Humanos. Cada día aquí es especial. Y el vivirlo juntas lo hace aún más único. Hacer un voluntariado con una amiga significa mucho más que compartir casa o planes. Es tener alguien con quien reflexionar al final del día, alguien que te ayuda a poner en palabras lo que estás sintiendo y que te recuerda por qué estás aquí cuando el cansancio o la frustración pesan. Nos acompañamos en los días más intensos, comentamos lo que vemos desde perspectivas diferentes y nos damos apoyo cuando algo nos sobrepasa. Pero también nos hemos dado cuenta de que no todo es igual para las dos: cada una está aprendiendo cosas distintas y enfrentando la experiencia de una manera personal.
Compartir esta vivencia permite contrastar miradas: lo que una no ve, la otra lo señala; lo que una duda, la otra lo refuerza. Y eso nos ayuda a comprender mejor lo que significa trabajar en cooperación, especialmente en terreno. Estamos seguras de que de estas vivencias nos llevaremos muchas cosas, pero sobre todo tenemos la certeza de que esta primera experiencia en terreno nos marcará para siempre, tanto en lo personal como en lo profesional.
Haberlo vivido juntas le da un valor añadido. Porque al final, cuando recordemos Maisha, no solo hablaremos de lo que hemos aprendido en cooperación, sino también de cómo lo hemos compartido como amigas.
Asante sana Maisha 🧡
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